Un contenedor a la vez: la desalinización modular se afianza en América Latina

Las desaladoras modulares son soluciones ágiles ante emergencias de escasez hídrica

La urgencia climática exige respuestas ágiles que la infraestructura a gran escala no siempre puede brindar. Así, las plantas desaladoras contenerizadas se posicionan como el motor de la seguridad hídrica para comunidades y sectores productivos de América Latina con instalaciones rápidas y operaciones sencillas

Las megaplantas desaladoras suelen acaparar los titulares del sector de tratamiento de agua pero a menudo estos proyectos padecen un estancamiento burocrático y financiero que retrasa la solución en entornos cada vez más urgidos. Es en estas situaciones que los sistemas contenerizados de ósmosis inversa plantean una opción descentralizada y oportuna.

Sólo por citar algunos ejemplos de complicaciones a las que se enfrentan los proyectos de gran porte, es posible mencionar la iniciativa de Huntington Beach en Estados Unidos que pasó dos décadas atrapada en una maraña de trámites antes de ser rechazada por unanimidad. En territorio mexicano el proyecto de Rosarito fue cancelado en 2020, revivido cuatro años después y a la fecha sigue sin construirse.

Estos casos son el resultado directo de un modelo que fía toda la nueva capacidad a obras intensivas en capital y con gestaciones de una década. Cuando este esquema llega a buen puerto los resultados son formidables, como ocurre con la Planta Desaladora Norte que abastece a los más de 500 mil habitantes de la ciudad de Antofagasta, en Chile. Sin embargo, un número creciente de planificadores se cuestiona si cada brecha hídrica exige este enfoque masivo.

Como respuesta a esta inmovilidad burocrática el segmento de la desalación modular crece a un ritmo estimado de más del 13% anual (según datos de GWI) y supera con creces al mercado general. Las unidades de ósmosis inversa contenerizadas ofrecen la agilidad de entrar en operación en cuestión de semanas en lugar de años. Además permiten un financiamiento incremental, escalan a la par de la demanda real y poseen la capacidad de ser reubicadas si las condiciones cambian.

Las empresas latinoamericanas dedicadas al ciclo integral del agua documentan múltiples casos similares que, aunque no destacan por volúmenes monumentales de producción, brillan por su practicidad y capacidad de rápida respuesta ante necesidades urgentes.

La revolución descentralizada en la agricultura sudamericana

Una mención especial en este cambio de paradigma la ostentan Las Salinas de Pullally, una comunidad agrícola de trescientas personas ubicada en la región de Valparaíso en Chile, la cual dio el primer paso de lo que promete ser una de las tendencias más importantes en la adaptación al cambio climático que la región sudamericana está compelida a implementar con velocidad y eficiencia. Allí se instaló la primera planta desalinizadora para uso exclusivamente agrícola en el cono sur y su propósito es desmitificar los argumentos alrededor de la tecnología para sentar las bases de una agricultura rentable, sustentable e independiente de las fuentes convencionales.

Según representantes del Centro de Investigación HUB Ambiental de la Universidad de Playa Ancha esta es la primera experiencia sudamericana que marca una colaboración multisectorial para la desalinización orientada únicamente a la siembra. La verdadera cosecha de este esfuerzo se medirá no en kilogramos de frutas y hortalizas sino en datos y conocimiento que permitirán la aplicación masiva en la región. Se espera que los primeros resultados revelen el comportamiento metabólico y la tolerancia de los cultivos a las condiciones desérticas para determinar exactamente qué porción de agua purificada requieren. El proyecto funciona como un circuito cerrado puesto que el concentrado salino residual del proceso se implementa en sembradíos de alta tolerancia a la salinidad.


Planta Las Salinas de Pullally (Valparaíso, Chile)


  • Capacidad de producción: 25 m³/día.

  • Propósito: Uso exclusivamente agrícola y recolección de datos científicos.

  • Gestión de concentrado: Circuito cerrado con aplicación directa en cultivos de alta tolerancia a la salinidad.

  • Alianzas estratégicas: Corfo, Gobierno Regional de Valparaíso, Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo de Chile (Anid), Centro Avanzado de Tecnologías para el Agua (Capta), HUB Ambiental UPLA y sector privado.

  • Tiempo de despliegue: 3 meses de instalación.


Hasta ahora la desalinización agrícola regional dependía de caudales sobrantes de las inmensas instalaciones mineras, pero este paso hacia la descentralización sigue la exitosa estela de zonas áridas en México y España donde el riego con agua de mar potabilizada sostiene lucrativas exportaciones.

Esta practicidad se extiende por toda la geografía andina y encuentra otro notable referente en el territorio peruano, donde productores enfrentaban la necesidad urgente de irrigar vastas extensiones de uvas cumpliendo con una estricta calidad de agua que exige niveles de sólidos disueltos por debajo de las cien partes por millón. La solución llegó mediante un sistema de ósmosis inversa de ochenta y un metros cúbicos por hora completamente integrado dentro de un contenedor estándar de cuarenta pies de altura extendida. El equipo incorpora avanzadas etapas de filtración e impulsión junto a sistemas de limpieza automatizados regidos por un cerebro lógico programable industrial. Esta compacta maravilla tecnológica de respuesta rápida garantizó la campaña de exportación vitivinícola sin requerir los extensos permisos ni las faraónicas obras civiles de las plantas tradicionales.


Proyecto Contenedor Vitivinícola (Perú)

foto cortesía de Water Technologies de México

  • Caudal de diseño: 81 m³/hora.

  • Calidad de agua lograda: Menor a 100 ppm de sólidos totales disueltos.

  • Uso final: Riego especializado para cultivos de uva de exportación.

  • Formato de infraestructura: Contenedor High Cube de 40 pies.

  • Componentes integrados: Bomba de alimentación principal, sistema de filtración multimedia profunda, banco de filtros de cartucho de precisión, tren de ósmosis inversa con 14 recipientes de presión, sistema CIP de limpieza in situ y automatización integral mediante PLC industrial.


Modularidad eficiente

La iniciativa de Canarias se posiciona como la más eficiente del mundo

Si bien es cierto que las plantas desaladoras tradicionales se benefician históricamente de la economía de escalas para abatir los costes operativos, la desalación modular contemporánea puede llegar a niveles sumamente altos de eficiencia utilizando componentes presentes en el mercado y con los que América Latina ya está plenamente familiarizada. Un ejemplo de esta optimización es el sistema conocido experimentalmente como DESALRO que recientemente fue reconocido de manera oficial por los registros mundiales de récords al alcanzar el menor consumo energético documentado en una planta desaladora de agua de mar por ósmosis inversa con una marca de 1,794 kWh por metro cúbico de agua producida. Este logro monumental fue consolidado por investigadores del Instituto Tecnológico de Canarias a través de una planta experimental que funciona a escala industrial y sirve como laboratorio abierto de innovación.

El consumo energético alcanzado por este novedoso diseño modular reduce en una cuarta parte los valores medios actuales del sector global, lo que supone un impacto económico y ambiental que supera el anterior récord mundial establecido en Arabia Saudita hace un par de años. La clave de este hito reside en combinar un diseño hidráulico altamente optimizado con bombas de alta presión de desplazamiento positivo, dispositivos de recuperación de energía de última generación y una configuración híbrida de membranas que minimiza las pérdidas de presión y maximiza el flujo continuo. Los responsables del proyecto han declarado estar abiertos a formas de colaboración para replicar esta experiencia en América Latina.

Para finalizar, es posible asegurar que las megaobras mantienen su rol innegable para otorgar certidumbre volumétrica a las grandes urbes, pero los sistemas modulares han democratizado el acceso al agua segura al convertir el gran riesgo financiero en una inversión ágil que fluye exactamente al mismo ritmo que las necesidades humana

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