Dr. Marcel Szanto Narea, catedrático y profesor emérito de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV)
Frente a más de 145.000 toneladas diarias de residuos sin disposición técnica y balsas al límite de su capacidad en las capitales de la región, especialistas en recursos hídricos alertan sobre el colapso de las redes de saneamiento urbano y exigen la actualización tecnológica de las plantas de tratamiento.
Por Diego Ortuño
Más de 145.000 toneladas de residuos sólidos urbanos terminan cada jornada en basurales a cielo abierto o en vertederos con deficiencias estructurales a lo largo de América Latina, de acuerdo con los registros del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Lejos de constituir un pasivo estático, esta acumulación masiva de desechos heterogéneos funciona como un conjunto disperso de reactores bioquímicos a la intemperie. El agua de lluvia percola a través de las capas de basura en descomposición y extrae una corriente densa, oscura y corrosiva que transporta metales pesados, sales disueltas, nitrógeno amoniacal y compuestos orgánicos recalcitrantes. Sin sistemas de confinamiento estancos ni plantas de tratamiento especializadas, estos efluentes —los lixiviados— migran hacia los acuíferos freáticos y los cauces superficiales de los que se abastecen las mayores concentraciones urbanas del continente.
La gravedad del problema adquiere dimensiones críticas en los principales nodos metropolitanos de la región como Ciudad de México, el Gran Santiago de Chile y la Región Metropolitana de São Paulo. Aunque sus contextos hidrogeológicos difieren, los tres centros urbanos comparten una misma encrucijada técnica. La práctica tradicional de almacenar lixiviados en balsas abiertas a la espera de una evaporación natural ha tocado techo debido a la mayor intensidad de las precipitaciones torrenciales derivadas de la variabilidad climática. Al mismo tiempo, la alternativa de bombear estos líquidos hacia las redes de alcantarillado municipal para su depuración en plantas de tratamiento de aguas residuales urbanas (PTAR) convencionales ha demostrado ser inviable y peligrosa para los ecosistemas hídricos.
El riesgo de colapso en las plantas de saneamiento municipal
En cuencas metropolitanas de altísima presión hídrica como el Valle de México, donde el acuífero sobreexplotado aporta más del 60 por ciento del suministro para consumo humano, verter efluentes de vertedero en los colectores urbanos compromete la operación de las depuradoras. Con una Demanda Química de Oxígeno (DQO) que puede superar los 50.000 miligramos por litro y altas cargas de nitrógeno amoniacal, el lixiviado inhibe los consorcios bacterianos de los lodos activos convencionales, interrumpe el tratamiento biológico y deriva en descargas contaminantes hacia distritos de riego agrícola.
El ingeniero Roberto Olivares, consultor internacional, expresidente de la Red Latinoamericana de Organismos de Cuenca (RELOC) y exdirector general de la Asociación Nacional de Empresas de Agua y Saneamiento de México (ANEAS), subraya la distorsión que sufre la gestión hídrica cuando se intenta transferir la carga de los vertederos a los organismos operadores de agua potable y saneamiento:
"Un vertedero clausurado sigue generando lixiviados maduros durante 50 a 100 años tras el cese de sus operaciones", advierte Olivares. Para el especialista mexicano, transferir estos pasivos a las redes públicas mediante subsidios ciegos traslada el riesgo a la infraestructura de saneamiento, por lo que la remediación debe resolverse de forma descentralizada y confinada en el propio origen del depósito.
El límite de almacenamiento en la cuenca andina
En el extremo sur del continente, la cuenca metropolitana de Santiago de Chile enfrenta una tensión similar marcada por la vulnerabilidad de las reservas subterráneas y los afluentes del río Maipo. La capital chilena consolidó un avance decisivo a comienzos de siglo al erradicar antiguos vertederos desregulados como Lo Errázuriz o Lepanto para concentrar sus residuos en macroinstalaciones tecnificadas como Loma Los Colorados y Santa Marta. Sin embargo, el esquema tradicional de contención ha quedado desbordado por los nuevos patrones climáticos.
"Cuando sobrevienen episodios de precipitaciones intensas, el depósito absorbe el agua pluvial hasta saturarse, lo que multiplica el volumen de lixiviados generados y eleva el riesgo de inestabilidad o contingencias operacionales", explica el Dr. Marcel Szanto Narea, catedrático y profesor emérito de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), con más de cuatro décadas de investigación aplicada en el sector.
Szanto enfatiza que el almacenamiento en lagunas de evaporación no constituye una solución definitiva y exige sincerar la magnitud del pasivo regional: "La seguridad hídrica exige transparentar la cantidad de millones de litros almacenados o contenidos en la Región Metropolitana, priorizando balances hidrológicos con periodos de retorno de al menos 100 años para acortar progresivamente el pasivo acumulado en las balsas de regulación".
La recalcitrancia química y las exigencias en São Paulo
En Brasil, el mayor polo demográfico e industrial de Sudamérica lidia con un desafío análogo condicionado por la humedad tropical y el volumen masivo de sus rellenos sanitarios, como Caieiras o los pasivos históricos de Sapopemba. En estas matrices, la relación entre la DBO y la DQO cae con frecuencia por debajo de 0,1, lo que certifica que la materia orgánica presente es refractaria y no responde a los procesos biológicos ordinarios.
El Prof. Dr. José Carlos Mierzwa, catedrático del Departamento de Ingeniería Hidráulica y Ambiental de la Escola Politécnica de la Universidad de São Paulo (Poli-USP) y coordinador del Laboratorio de Procesos de Separación por Membranas, detalla por qué los tratamientos secundarios urbanos fracasan ante estos efluentes:
"La solución de enviar el lixiviado a las estaciones depuradoras de aguas residuales no resuelve el problema, debido a que este material ya pasó por un proceso biológico de degradación dentro del propio vertedero", argumenta el profesor Mierzwa. "Como resultado de esa digestión previa, la composición química del percolado queda desprovista de elementos fácilmente biodegradables y dominada por compuestos refractarios para los cuales las estaciones urbanas no fueron proyectadas, produciéndose únicamente un efecto de dilución".
Mierzwa recuerda que las administraciones públicas deben exigir en sus contratos de concesión tecnologías que resuelvan el problema en origen y eviten transferir a las cuencas un efluente que los reactores convencionales no pueden depurar.
El consenso de los expertos confirma que la era de las soluciones pasivas para los lixiviados ha terminado en América Latina. La combinación de normativas más estrictas, supervisión ciudadana sobre las cuencas compartidas y la amenaza sobre los acuíferos metropolitanos exige que las empresas de disposición final y las administraciones públicas adopten plantas modulares de filtración avanzada y separación física como un componente obligatorio e inseparable de la infraestructura sanitaria urbana.
Radiografía • La Amenaza de los Lixiviados en América Latina
Datos certificados por PNUMA, Banco Mundial, CEPAL y autoridades hídricas de la región
Cierre de Jardim Gramacho y salto tecnológico en Seropédica
La clausura definitiva de Jardim Gramacho en la Bahía de Guanabara frenó 30 años de derrames tóxicos hacia manglares y mar abierto. La metrópoli trasladó la operación al CTR Santa Rosa en Seropédica, dotado de triple barrera basal y una planta de ósmosis inversa de 1.000 m³/día que purifica el lixiviado hasta calidad de vertido seguro y biometano.
Rellenos sanitarios industriales en Loma Los Colorados y Santa Marta
Chile erradicó los macrobasurales informales de la cuenca metropolitana al canalizar más del 80% de los residuos a complejos industriales certificados. Los centros disponen de geomembranas de alta resistencia, aprovechamiento de biogás para la matriz eléctrica y evaporación forzada acoplada a membranas para minimizar el concentrado.