Ultrafiltración frente a ósmosis inversa — Dos tareas distintas

Por el Equipo de Ingeniería de Enviro Membranes

La mayoría de los operadores que formulan esta consulta ya cuentan con cotizaciones para ambas tecnologías por parte de dos proveedores distintos, con cifras presupuestarias sumamente dispares y sin una explicación técnica sobre el origen de esa brecha. La ultrafiltración impulsa el agua a través de una fibra porosa a pocas decenas de psi y retiene cualquier elemento que aún conserve forma de partícula. La ósmosis inversa empuja el agua a través de una película densa de poliamida a varios cientos de psi y remueve las sales disueltas. Son dos problemas independientes que exigen dos máquinas independientes.

Si la queja operativa surge por turbidez, bacterias o un índice de sólidos suspendidos que la normativa ambiental rechaza, la ultrafiltración resuelve la demanda y la ósmosis inversa representa un gasto desmedido e innecesario. Por el contrario, frente a un reporte de 900 ppm de sólidos disueltos totales (TDS), incrustaciones de dureza en la caldera o presencia de sílice, la ósmosis inversa es la única de las dos opciones con capacidad para remover esos contaminantes. La puesta en marcha de un bastidor de ultrafiltración con agua de pozo de 900 ppm entregará un agua perfectamente cristalina con las mismas 900 ppm de sales.

Asimismo, cuando la captación proviene de un cauce fluvial o de un efluente municipal secundario y además existe un exceso de TDS, la instalación requiere ambos trenes. La ultrafiltración se sitúa al inicio del proceso y reduce el tamaño necesario para el sistema de ósmosis inversa en una escala superior a la que revelan las cotizaciones preliminares.

El espectro físico de remoción en cada tecnología

La ultrafiltración opera bajo el principio de exclusión por tamaño. DuPont califica su fibra IntegraTec con un diámetro de poro nominal de 0,03 micras, y su manual de diseño sitúa la ultrafiltración gruesa para tratamiento de agua en un corte molecular de 80 a 150 kDa, rango que asimila a 0,02 y 0,03 micras. Resulta prudente utilizar el valor de poro nominal, pues la conversión a kDa responde a una convención de DuPont que otros fabricantes interpretan bajo criterios distintos.

El producto final entrega una estabilidad que la filtración convencional sobre lechos granulares nunca alcanza. Los parámetros de DuPont para un sistema de ultrafiltración con una operación adecuada contemplan una turbidez en el filtrado inferior a 0,1 NTU con total independencia de la turbidez del agua bruta, un índice de densidad de sedimentos (SDI) menor a 3 y una remoción de patógenos igual o superior a 6 logaritmos frente a quistes de Cryptosporidium y Giardia.

Este desempeño exige dos precisiones operativas. En primer lugar, la tasa de 6 logaritmos describe la capacidad intrínseca del material filtrante, mientras que la acreditación oficial concedida por las agencias reguladoras obedece a pruebas de desafío y a la resolución de los ensayos diarios de integridad por caída de presión, motivo por el cual suele registrar valores inferiores. En segundo lugar, la independencia respecto a la turbidez de entrada califica al efluente filtrado y no a las condiciones operativas de la planta. Un evento meteorológico que eleve la turbidez del río de 4 NTU a 60 NTU mantendrá el filtrado transparente, pero elevará la presión transmembrana y obligará a ciclos de retrolavado más continuos, con la consiguiente merma en la capacidad neta.

DuPont mantiene igual contundencia sobre el límite del proceso. Su manual de ingeniería ratifica que la ultrafiltración no retiene sales disueltas, ni materia orgánica disuelta, ni especies causantes de color verdadero, olor o sabor. Este principio debe interpretarse bajo el límite de peso molecular y no como una barrera impenetrable. Los ácidos húmicos y otras macromoléculas orgánicas quedan retenidos en la malla, por lo que una etapa de ultrafiltración reduce en cierta medida el carbono orgánico total (TOC). Sin embargo, cada ion y cada molécula disuelta pequeña atraviesan la pared sin impedimento alguno. Ante un problema de conductividad, dureza o TDS, este criterio técnico zanja la decisión de compra.

La ósmosis inversa se rige por un principio por entero diferente. La capa activa selectiva está compuesta por una película densa de poliamida donde el agua se disuelve y se difunde a través de la matriz polimérica, mientras que los iones quedan retenidos casi en su totalidad. Un elemento NanoH2O (antes LG Chem) BW 400 R G2 genera 11.500 galones por día (gpd) con un rechazo de sal estabilizado del 99,8 por ciento, ensayado a 2.000 ppm de NaCl, 225 psi, 25 °C, pH 7 y 15 por ciento de recuperación. Son 400 pies cuadrados de membrana que logran una separación física imposible de conseguir mediante cualquier tamiz mecánico.

Comparativa Técnica • El Acuífero
Ultrafiltración frente a Ósmosis Inversa Salobre
Distinción de principios de separación, umbrales de remoción y límites electromecánicos
Parámetro Operativo Ultrafiltración (UF) Ósmosis Inversa Salobre (BWRO)
Mecanismo de separación Exclusión física
Fibra hueca porosa con diámetro nominal de 0,02 a 0,03 micras
Solución y difusión
Película polimérica densa de poliamida reticulada
Bacterias, quistes y turbidez Retención total
Reducción de 6 logaritmos o superior con turbidez menor a 0,1 NTU y SDI menor a 3
Retención técnica total
Retiene partículas, pero constituye una herramienta inadecuada y de costo prohibitivo para esa labor
Sales disueltas, dureza y sílice Nula retención
Los iones disueltos atraviesan la pared de la fibra sin alteración
99,6 a 99,8 %
Rechazo estabilizado a 2.000 ppm NaCl, 225 psi, 25 °C y 15 por ciento de recuperación
Límites de presión Baja presión
Presión transmembrana máxima de 30,5 psi (2,1 bar) y alimentación máxima de 6,25 bar
Alta presión
Presión aplicada admisible de hasta 600 psi (ensayo de referencia a 225 psi)
Rango de flujo de diseño 24 a 65 gfd
Equivalente a 40 y 110 litros por metro cuadrado por hora (LMH)
7 a 25 gfd
Determinada de forma rigurosa por la calidad del agua de entrada
Fuente — Elaboración técnica a partir de especificaciones oficiales de DuPont IntegraTec y NanoH2O • Sección Tendencias y Tecnología de El Acuífero

El contraste constructivo y electromecánico entre ambas cotizaciones

La ficha técnica de las fibras IntegraTec de DuPont fija la presión transmembrana operativa máxima en 2,1 bar (30,5 psi) y una presión de alimentación máxima en la entrada de 6,25 bar a 20 °C. El flujo de permeado se sitúa entre 40 y 110 LMH (24 a 65 gfd). En consecuencia, un bastidor de ultrafiltración es un equipo de baja presión que integra una extensa superficie de membrana y depende de un ciclo periódico de retrolavado con aire y agua.

Por su parte, un elemento para agua salobre BW 400 R G2 admite hasta 600 psi de presión aplicada y se evalúa a una presión de prueba de 225 psi. Estos datos corresponden a magnitudes físicas distintas respecto a las variables de la ultrafiltración, por lo cual carece de rigor dividir una cifra entre otra. La presión neta impulsora sobre una membrana de ósmosis inversa resulta muy inferior a la presión aplicada una vez restada la presión osmótica propia de la solución.

La diferencia sustancial recae en la categoría de equipamiento que cada sistema impone. La ultrafiltración demanda bombas de baja presión y sopladores de aire para la agitación neumática durante la limpieza. La ósmosis inversa precisa carcasas de presión certificadas para alta carga, bombas multietapa de alta presión con variadores de frecuencia, un tren de dosificación química de antiincrustante y un patín de limpieza química en sitio (CIP), todo ello con una tasa de permeado por pie cuadrado que representa apenas entre un tercio y la mitad de la cifra de ultrafiltración.

El alcance de la obra civil y el montaje electromecánico incide en el costo unitario por galón por minuto más que las propias membranas. Sin embargo, el conteo de elementos permite un cálculo exacto, y en fuentes de agua superficial es este balance el que inclina la balanza económica.

La reducción de elementos de ósmosis inversa gracias a la ultrafiltración previa

La justificación económica de la ultrafiltración radica en una tabla de diseño que rara vez llega al comprador. Las pautas de diseño para sistemas de membranas de DuPont (manual técnico Form 45-D01695-en Rev. 14) establecen el flujo de diseño recomendado para ósmosis inversa según la fuente de agua y el pretratamiento instalado. Ante una misma agua de origen, las pautas muestran dos escenarios radicalmente distintos.

Ingeniería de Membranas • DuPont Form 45-D01695-en Rev. 14
Pautas de Diseño de Ósmosis Inversa según el Pretratamiento
Flujos de diseño y límites de recuperación por elemento recomendados según la calidad de entrada
Fuente de Captación y Pretratamiento SDI de Diseño Flujo de Diseño (gfd) Recuperación Máxima por Elemento
Agua superficial con pretratamiento convencional Menor a 5 12 a 16 15 por ciento
Agua superficial con ultrafiltración (UF) Menor a 2,5 16 a 20 19 por ciento
Efluente municipal filtrado con pretratamiento convencional Menor a 5 8 a 12 13 por ciento
Efluente municipal con membranas (MBR, MF o UF) Menor a 2,5 11 a 15 15 por ciento
Fuente — Guía oficial de diseño DuPont Water Solutions (Form 45-D01695-en Rev. 14) • Los límites de recuperación corresponden al elemento individual, mientras que la recuperación del sistema total alcanza entre 70 y 85 por ciento

La última columna exige atención para evitar interpretaciones erróneas. Esos valores fijan los límites de recuperación por elemento individual, es decir, el volumen de permeado que un solo elemento puede extraer del caudal que penetra en su espaciador. La recuperación global de la planta alcanza magnitudes muy superiores debido a que los arreglos disponen seis o siete elementos en serie por tubo, y la salmuera de la primera etapa alimenta la segunda etapa. Una planta salobre calculada bajo estos límites individuales suele alcanzar recuperaciones globales de entre 70 y 85 por ciento.

Un tren con capacidad para entregar 500 gpm de permeado con una recuperación global del 75 por ciento capta alrededor de 667 gpm de agua bruta y descarga 167 gpm de concentrado hacia el drenaje. Esta corriente de salmuera exige su propia autorización ambiental y genera un costo operativo asociado.

Al tomar los valores para agua superficial y aplicar las operaciones aritméticas a esa planta de 500 gpm (equivalente a 720.000 gpd de permeado), la ventaja salta a la vista. Con el punto medio del pretratamiento convencional (14 gfd), un elemento de 400 pies cuadrados produce 5.600 gpd, por lo cual el sistema demanda 129 elementos.

Con el punto medio de la ultrafiltración (18 gfd), ese mismo elemento genera 7.200 gpd y el requerimiento cae a 100 elementos.

Al alojar estos elementos en carcasas de seis posiciones, el montaje pasa de 22 tubos con pretratamiento convencional a solo 17 tubos con ultrafiltración. Esto representa cinco carcasas de presión menos en la estructura, 29 elementos menos en la compra inicial y cerca de un 22 por ciento menos de membranas de reposición en cada recambio durante toda la vida útil de la planta.

DuPont lo expresa de modo tajante en su manual técnico — la ultrafiltración como pretratamiento habilita un mayor flujo de diseño en la etapa de ósmosis inversa, reduce las necesidades de limpieza química y disminuye la frecuencia de reposición de elementos. En agua de mar ocurre un comportamiento similar, con rangos de 7 a 10 gfd en tomas abiertas con tratamiento convencional frente a 9 a 11 gfd con ultrafiltración.

La viabilidad de la ultrafiltración constituye un balance de gastos de capital (capex). El proyecto traslada recursos desde el costoso sector de alta presión hacia el sector económico de baja presión, y garantiza un presupuesto de mantenimiento químico reducido para el futuro. En una instalación grande alimentada por agua superficial, esta ecuación arroja resultados favorables con rapidez. Por el contrario, en un pozo profundo limpio con un SDI de 2, la cuenta no ofrece beneficio alguno, y quien ofrezca ultrafiltración para esa calidad vende un equipo innecesario.

Prácticamente todos los elementos de ósmosis inversa en el mercado establecen un SDI máximo admisible de 5 en la alimentación. El modelo NanoH2O BW 400 R G2 fija su tope en SDI 5,0 y 1,0 NTU de turbidez. El FilmTec BW30 PRO-400 adopta igualmente un SDI de 5. Numerosos operadores leen esa cifra, miden un SDI de 4,6 a la salida de sus filtros multimedia y consideran que el agua cumple la norma técnica.

El error técnico que desencadena el recambio prematuro de membranas

La cifra cumple el requisito de garantía, pero se ubica en el rango más desfavorable de la tabla de diseño. Un SDI cercano a 5 solo permite flujos conservadores de 12 a 16 gfd y un 15 por ciento de recuperación por elemento. Esos límites existen porque un agua con esa carga coloidal ensucia las membranas con rapidez. Si el personal fuerza ese tren a un flujo de 18 gfd por un dimensionamiento basado en folletos promocionales, las limpiezas químicas serán constantes y superarán ampliamente la pauta del fabricante, la cual señala que una planta bien diseñada no debe sobrepasar cuatro limpiezas al año. La consecuencia directa será la caída del flujo normalizado y la degradación prematura de los elementos.

Un valor máximo representa un umbral de daño físico o químico, mientras que una pauta de diseño constituye una meta operativa continua. La confusión entre ambos conceptos origina la mayor parte de las consultas por ensuciamiento prematuro en la industria.

La ultrafiltración posee una vulnerabilidad similar y más encubierta. Una fibra rota permite el paso libre de agua cruda hacia el cabezal de permeado. Como el resto de las fibras entrega agua de alta pureza, el efluente combinado mantiene un aspecto cristalino y el sensor de turbidez no percibe la anomalía. Solo un ensayo de caída de presión revela la rotura. Si una planta opera ultrafiltración como escudo protector de una ósmosis inversa y no ejecuta pruebas de integridad con frecuencia programada, confía en una barrera sin verificación real. La primera manifestación del fallo será un ensuciamiento repentino del tren de alta presión sin explicación evidente. El seguimiento continuo de la curva de SDI en la alimentación de la ósmosis inversa representa la señal de alerta indispensable — un incremento en el SDI bajo un agua aparentemente cristalina delata de inmediato una rotura de fibras aguas arriba.

Criterios de especificación sin sobrecostos presupuestarios

El punto de partida reside en identificar los contaminantes del agua bruta. Si el problema se limita a patógenos y turbidez en un suministro con bajo contenido salino, la ultrafiltración aislada resuelve la necesidad. Incorporar ósmosis inversa en ese esquema añade un consumo eléctrico innecesario y un problema suplementario de remineralización para el agua producto. Este error es habitual y los proveedores rara vez lo advierten de forma voluntaria. Por el contrario, ante una carga de sales disueltas, la ósmosis inversa es obligatoria, y el rol del pretratamiento consiste en fijar el nivel de exigencia mecánica y química para ese tren.

Cuando ambas tecnologías resultan necesarias, la ultrafiltración debe ocupar la primera posición y la ósmosis inversa debe proyectarse bajo la columna de agua de alta calidad. Para la etapa salobre, el modelo BW 400 R G2 ofrece ventajas técnicas de consideración — 99,8 por ciento de rechazo estabilizado y 11.500 gpd frente al 99,6 por ciento y 11.000 gpd del BW30 PRO-400, con un espaciador de alimentación de 34 milésimas de pulgada (mil) de baja pérdida de carga frente a 28 mil, ambos con 400 pies cuadrados de área activa, 225 psi de prueba y 15 por ciento de recuperación. Cabe precisar que NanoH2O certifica sus ensayos a pH 7 y DuPont lo hace a pH 8, por lo cual la última décima de porcentaje en rechazo requiere un análisis contextual. FilmTec mantiene una presencia predominante gracias a su base instalada y a su amplia red técnica, razones logísticas de peso que justifican igualmente su selección.

Si el presupuesto del año no permite instalar ultrafiltración y la planta debe operar con agua marginal, los elementos con tecnología antienuciamiento representan la protección adecuada. El modelo BW 400 AFR G2 conserva un rechazo de 99,7 por ciento con 11.500 gpd y 400 pies cuadrados sobre una superficie de membrana formulada para repeler el ensuciamiento coloidal. NanoH2O documenta una menor frecuencia de limpiezas químicas en lugar de un aumento de flujo, por lo cual este elemento debe considerarse un colchón de seguridad ante contingencias del agua y no una autorización para forzar la tasa hidráulica. Optimizar la calidad del agua de entrada siempre superará a cualquier membrana especial. Tolerar un SDI de 4,6 bajo el supuesto de que el sistema cumple tolerancias conducirá a fallas operativas continuas. Asimismo, en plantas con medios filtrantes tradicionales, resulta indispensable evaluar el estado del lecho de carbón activado, pues un lecho saturado libera materia orgánica y partículas finas que provocan ensuciamientos atribuidos erróneamente a la membrana de ósmosis inversa.

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