Desalinización vs. Camiones cisterna y el fin del sobrecosto hídrico

Foto: ANDINA / Editora Perú.

El debate sobre el costo de la desalinización suele omitir la variable más determinante; el gasto operativo derivado de la falta de infraestructura fija. En numerosas comunidades costeras y zonas industriales de Latinoamérica, el suministro de agua depende de flotas de camiones cisterna con tarifas que elevan el costo del recurso hasta rangos de entre US$ 5,00 y US$ 12,00 por metro cúbico según informes del Banco Mundial y el Water Logistics Report 2025.

Frente a esta ineficiencia logística, la desalinización de agua de mar mediante ósmosis inversa ofrece un costo de producción situado entre los US$ 1.00 y US$ 1.30 por m³; este costo es variable según la capacidad de la planta y la matriz energética local (Fuente IDA Water Statistics / ALADYR Market Intelligence).

La inversión en plantas locales elimina la dependencia de fletes terrestres y el riesgo de desabastecimiento, sumado a que garantiza una calidad de agua controlada bajo estándares internacionales. La desalinización emerge como la solución más económica y sostenible para las municipalidades y sectores productivos en el largo plazo; permite una amortización de la infraestructura en periodos inferiores a los diez años gracias al ahorro operativo directo.

Las consecuencias de mantener esquemas dependientes del transporte terrestre trascienden el impacto financiero para afectar directamente la sostenibilidad ambiental. La constante circulación de vehículos pesados multiplica la huella de carbono de las operaciones industriales y aumenta la congestión vial en zonas de alta densidad demográfica; factores incompatibles con las metas globales de descarbonización. Asimismo, la volatilidad en el precio de los combustibles añade un elemento de riesgo inmanejable para los presupuestos municipales y corporativos a largo plazo.

Por el contrario, el suministro mediante redes de tuberías provenientes de plantas desalinizadoras locales estabiliza los costos operativos frente a las fluctuaciones macroeconómicas. Ejemplos tangibles en el norte de Chile y la costa pacífica de México demuestran la efectividad de este modelo; en estas regiones, los conglomerados mineros y las ciudades costeras reemplazaron sus flotas de cisternas por acueductos desalados y lograron reducir sus gastos logísticos hídricos en más de un 60% durante el primer quinquenio de operación (CEPAL / Casos de Estudio Hídrico 2026).

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